El tema de la muerte es hasta el día de hoy para los hombres, incómodo, esquivo, misterioso.
Podríamos decir que quizá no hay otro tema al cual los mortales le mostremos tanta aversión...como si no fuésemos eso: mortales!, lo que
sucede es que la mayoría de los hombres vivimos la vida terrenal olvidando que un día terminará (Hebreos 9: 27), y vivimos sin prepararnos para ese día,
por tanto, cuando nos toca estar frente a la muerte más bien la abordamos en desinformación, en distorsión, amedrentados de lo que ella envuelve...y de lo que los desinformados nos han hecho creer en torno a la muerte.
Y todo por no conocer lo que El Señor de la eternidad en su palabra ha revelado acerca de la muerte,...y lo ha revelado especialmente para el
beneplácito de su pueblo, de aquellos que esperan en El.
Abordar la muerte desde la óptica divina, implica enormes expectativas y esperanzas!, porque las cosas más excelentes Dios las preparó para sus hijos...necesariamente para después de cruzar el túnel de la muerte (1a Cor. 2: 9).
B- Tres bondades de la muerte.
1a- La muerte, ENMIENDA el corazón (Eclesiastés 7: 2,3)
Sólo al estar delante de un féretro, los hombres meditamos y reflexionamos en la brevedad y la vanidad de la vida, nos preguntamos: ¿Y después de esto qué? (Eclesiastés 3: 18,19); Mientras tanto gastamos nuestros días en trivialiadades, en mundanalidad, en placeres, en lo que pasa y que es engañoso, sin reparar en que un día será nuestro cuerpo el que yacerá dentro del féretro.
2a- La muerte, es la ENTRADA a lo eterno (Juan 11: 25,26)
A fin de accesar plenamente a lo inmortal, a lo eterno, a lo incorruptible...ES NECESARIO MORIR, pues hay asuntos establecidos por Dios a los cuales la carne y la corrupción no pueden penetrar (1a Cor. 15: 50, 53-57).
3a- La muerte es GANANCIA (Filipenses 1: 21)
Es el momento de recibir los réditos, los intereses, las utilidades que solo son entregadas al final de un ejercicio, es el resultado de haber vivido una vida sometida a la voluntad de quien la confió...y presentarse a recibir ese reconocimiento (2a Cor 5: 9,10).
Véase la parábola de los talentos (Mateo 25: 14s).
C- Epílogo.
¿Qué actitud ha de asumir un legítimo heredero al estar frente al cuadro de la muerte?
¿Tristeza y desolación...o de genuina y gozosa esperanza?